No siempre podemos librarnos de caer en la tentación.
En lo que a mi respecta, la gula es uno de mis problemas.
No me resisto ante una hermosa mesa y la compañía de buenas amigas
a la hora de una apetitosa y exquisita cena.
Anoche compartí con mis amigas de siempre. Quise enmascarar con bromas mis acciones que no puedo controlar. ¡Había tanto para elegir!. Me serví un plato con un arroz delicioso, una ensalada cesar y una porción generosa de cerdo al horno. Hasta ahí estaba todo bien. Pero, ¡la tentación no acabó! Me serví un segundo plato con ensalada rusa y una porción de carne de res en salsa picante. Y no fue todo. 🙈 Cuando trajeron la torta, lancé una exclamación de dolor y ¡me comí dos porciones de torta!
Mis amigas que saben de mi deseo de adelgazar miraban lo que yo comía, y yo, pasaba de ironía y sarcasmo al cinismo, les dije que estaba escogiendo comer un carbohidrato, una proteína y verduras, pero en dos platos diferentes. Y a pesar de sentirme avergonzada, comí todo lo relatado.
Reflexionando sobre mi proceder recordé a Santa Teresa de Jesús, cuando habla del conocimiento propio, en lo que se refiere a tomar conciencia de las limitaciones personales y pecados. "Habrá que pasar por ese trago amargo, de conocerse en sus ruindades y miserias; puede que incluso se llegue a derramar lágrimas (F 5,16). Sin embargo, ningún orante debe quedarse anclado en esa consideración y vivir su conocimiento propio solamente desde esa dimensión, pues: “sabe su Majestad nuestra miseria y bajo natural que nosotros mismos” (V 11,15). Lo que si hay que hacer es saber tomar ventaja de esa ruindad: “por amor de Dios, hermanas, nos aprovechemos de estas faltas para conocer nuestra miseria” (6 M 4,11). La invitación a conocer ese lado oscuro, ayuda a considerar que lo bueno que hay en cada persona es obra de Dios: “procuremos siempre mirar y remirar nuestra pobreza y miseria, y que no tenemos nada que no lo recibimos (cf. 1 Cor 4,7)” (6M 5,6)".
Dios conoce mis miserias y mis debilidades, y aún así me ama. No caeré en la tentación de quedarme en la culpa. Pues ya dice la santa que hay que "poner los ojos en Cristo (Cfr. 1M 2,11), así se ennoblece el entendimiento y voluntad (1M 2,10. 11) y se evitará un conocimiento propio “ratero y cobarde” (1M 2,11). La batalla es fuerte, pues “terribles son los ardides y mañas del demonio para que las almas no se conozcan ni entiendan sus caminos” (1M 2,12). Tener un adecuado conocimiento de sí mismo evita muchas tentaciones, sobre todo en algunos momentos en que el interior es azotado por la imaginación con malos pensamientos: “y estase el alma por ventura toda junta con él (Señor) en las moradas muy cercanas y el pensamiento en el arrabal del castillo padeciendo con mil bestias fieras y ponzoñas y mereciendo con este padecer; y así, ni nos ha de turbar ni lo hemos de dejar, que es lo que pretende el demonio. Y, por la mayor parte, todas las inquietudes y trabajos vienen de este no nos entender” (4M 1,9).
Por el momento, reconozco mi debilidad en las cenas, fiestas, aniversarios, juntes, etc.,en los compromisos familiares y sociales a los que debo asistir. Tengo que planear alguna estrategia que me ayude a no caer en tentación ante las delicias que se me presentan en esas ocasiones.

Para leer más sobre el conocimiento propio:
FUENTE: https://delaruecaalapluma.wordpress.com/2015/02/14/el-conocimiento-propio-segun-teresa-de-jesus/
