"Si encuentras miel come lo justo no sea que te hartes y la vomites"
- Proverbios 25,16
El exceso nos hace sobrepasar los límites, sean cantidades o valores, de lo que se considera razonable. Puede tratarse de comida o de conductas, actitudes que pueden convertirse en impertinencia cuando nuestros actos, acción o palabra inoportuna, afecta el respeto, dignidad u honor de otra persona. Esta situación puede dañar nuestras relaciones interpersonales.
Comer o hablar mucho, sentir intensamente, no escuchar nada, reaccionar sin medida ni control. Cometemos excesos que nos afectan a nosotros mismos y podemos dañar nuestra salud física o la mental o la emocional, podemos lastimar nuestra alma. Cuando hacemos mucho de lo mismo, por ejemplo, comer en demasía, nos lleva a la obesidad y aún sin fin de enfermedades. Estar en depresión consciente, es decir que nos damos cuenta que algo nos pasa, y no hacer nada por buscar ayuda, nos llevará a enfermar seriamente. O cuando vamos por ahí, de curso en curso, de grupo en grupo, buscando llenar nuestros vacíos interiores o callar la Voz de Dios, leyendo, estudiando, trabajando, sociabilizando, orando, todo en demasía, sin descanso, sin sosiego.
Entonces conviene recordar que necesitamos prudencia, moderación y discreción, para disfrutar de la miel, comiendo lo justo, sin hartar ni hartarnos, lo suficiente para endulzar nuestras vidas y las vidas de las personas con las que nos relacionamos.
Aprender a comer lo justo, alimentos físicos y espirituales, sin hartarse, sólo lo necesario, para caminar fuertes y decididos, en el tiempo de Dios y obedientes a su Voluntad.
Bajar el ritmo, no dejarse llevar por la ansiedad ni el apuro ni la gula... todo a su tiempo, en la medida exacta, ni poco ni mucho, revisando a cada paso las emociones que surgen y vivirlas controladas, con la intensidad suficiente, sin hacernos daño ni dañar a nadie.
Si estamos ante algo que nos guste mucho, si encontramos miel en nuestro camino, prestemos atención, comamos lo justo, lo que necesitamos. Disfrutemos de ese regalo que nos da Dios, y, siendo agradecidos, guardamos un poco para otra ocasión.