lunes, 7 de febrero de 2022

Del hilo y la aguja a la pastelería..., y desenchufar

 

Me encantó conocer la historia de las hermanas del monasterio de santa Clara en Reus. 

Cayeron en la cuenta que ya no podían seguir haciendo labores de costura y bordado y se reinventaron. Empezaron a hacer ¡galletas! Y ya son famosas por ello. Probando sabores y mezclas, han creado una receta en base de avellana del lugar, que son muy apetecidas.

Recientemente publicaron un post en la página del facebook "Amigos de Santa Teresita del Niño Jesús" que contaban que las hermanas tuvieron un inconveniente con el horno de la cocina, simplemente dejó de funcionar.  La hermana encargada intentó arreglarlo pero no lo logró y ya cansada de tanto pensar se le contó a otra de las hermanas de la comunidad y ésta le sugirió: ¿has probado a desenchufarlo? A veces los aparatos necesitan descanso, le dijo. Después de pensarlo y orar, se fue a la cocina y desenchufó el horno, esperó un momento y luego volvió a enchufarlo ¡y funcionó!

Esta historia sirva de inspiración para buscar cómo  desconectarnos de la vida diaria, de la cotidianidad. Necesitamos apagarnos, desenchufarnos, para conectar luego con la vida con más energía y vitalidad. Inclusive para reinventarnos si necesitamos cambiar de oficio o de trabajo. Así lo hacía Jesús cuando se retiraba a orar, en soledad y en silencio. Se desconectaba de todo para luego volver y dar lo mejor de sí.

¿Vas a probar, puedes hacerlo? ¡Desenchúfate, reinvéntate!




SERVICIO TÉCNICO (30/01/2022)
Por alguna extraña razón, el horno de la cocina decidió dejar de funcionar. Bueno, no, calentar sí que calentaba, pero, cuando querías programarlo, ¡no te daba ninguna opción! ¡Se saltaba sin más!
En todo el tiempo que llevamos con él, nunca ha dado guerra. Me pasé el día entero intentando averiguar dónde estaba el problema. Busqué en las instrucciones, pero no decían nada al respecto… Al final no veía más alternativa que rendirme, pero esa noche estaba tan cansada, que solo pensar en gestionar la garantía se me hacía un mundo…
Al final de la cena le comenté mi disgusto a Israel, pero ella me respondió rápidamente:
-¿Has probado a desenchufarlo? Con problemas así, a veces lo único que necesitan los aparatos es un descanso.
Lo desenchufó, esperó unos instantes, volvió a conectarlo… ¡¡y el horno funcionó como si nada hubiese pasado!!
¡¡Cómo me impresionó!! Y también me ha llevado a orar mucho… Sí, porque, cuando a mí se me acumula el trabajo (como le pasaba ese día a nuestro horno), lo que me sale es trabajar más rápido, intentar llegar a todo… pero, como al horno, siento que, lo que hago así, apresuradamente, suele salir estropeado.
Lo curioso es que, a quien se le acumula continuamente el trabajo es… ¡¡a Jesús!! No hay más que ver en el evangelio que “todos querían tocarle”, “eran tantos los que iban que no les dejaban ni comer”, “todos salían a buscarle”…
Ante el reclamo de las multitudes, la gran tentación habría sido multiplicarse por llegar a todos, no detenerse a conversar con ningún enfermo, ser más eficaz, sacar tiempo de donde no lo hay…
Y, sin embargo, lo que hace Jesús es… ¡¡retirarse a orar!! Él sabe qué es lo realmente importante, lo que nos permite mantenernos “bien programados”. Y si el Hijo de Dios necesita esos ratos, ¡imagina nosotros! ¿De qué sirve hacer mucho, si lo que haces no va tocado por el amor?
Hoy el reto del amor es “desenchufar” el horno de tu corazón. Como en el caso del horno de nuestra cocina, no necesitarás muchas horas, ¡basta unos minutos! Hoy cuida tu rato con el Señor, aprovecha ese tiempo para poner todas tus preocupaciones en Sus manos, ¡y descansar en Él! Te aseguro que enfrentarás la jornada con más paz… ¡y bien programado! ¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO
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FOTO 📸: Clarisas de Reus (Cataluña)
En el monasterio de Santa Clara actualmente viven 9 religiosas y 3 de ellas se dedican a la repostería.
El año 2018 las Hnas cambiaron sus tradicionales ocupaciones de costura por la elaboración de galletas de diferentes sabores para poder subsistir y ganar algún dinero.
El motivo era que las religiosas se habían hecho mayores y ya no podían coser, y las más jóvenes no sabían zurcir, apedazar, bordar y planchar, que era el tradicional alimento de las monjas del monasterio.
Dolços Clarisses Reus





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