Para volver a lo esencial
Juan Pablo II escribió, en una carta que dirigió a los Carmelitas Descalzos en 2003, que inspirados en santa Teresa y san Juan de la Cruz debíamos volver a lo esencial . Aunque el mensaje del santo se refería a la vida consagrada y al carisma fundacional, a mí me sirvió para preguntarme ¿qué hablaría santa Teresa de Ávila sobre la comida, y qué podemos aplicar de ello en nuestros hábitos alimenticios hoy en día, y qué sería lo esencial en las comidas carmelitanas?
Según las costumbres en los conventos en la cocina carmelitana se preparaban alimentos basados en verduras, legumbres y frutas, la carne estaba ausente. En algún momento esto se suprimió de la regla carmelita pero santa Teresa la retomó al volver a lo esencial. Los carmelitas podían comer carne sólo cuando viajaban o no estaban en sus conventos. Lo que sí consumían eran pescados, en especial el bacalao, productos lácteos y huevos. Parece que la papa o patata era uno de los alimentos preferidos en los conventos teresianos. Bueno hoy en día no se sigue estrictamente esto, pero sí se mantiene el estilo de comidas sencillas, saludables, con poca carne y muchas verduras.
¡Me encantó! Me gusta mucho la papa, así que la incluiré en mi dieta. Y me parece muy saludable reducir las carnes, sobre todo aquella que son de dificil digestión.
Otro consejo que podemos seguir de Teresa es buscar equilibrio en lo que comemos. Evitar los extremos y seguir una dieta balanceada. En realidad santa Teresa no era amiga de exageraciones "No son buenos los extremos aunque sea en la virtud", decía ella. Por eso no instaba a sus monjas a que hicieran ayunos extenuantes o sacrificios extremos. Y así mismo tenemos que hacer nosotros, no caer en dietas extremas, que lo único que logran es enfermarnos. El reto es comer lo adecuado, lo que nuestro cuerpo necesita para mantenernos saludables.
Hay que disfrutar lo que comemos y ¡disfrutar de cocinar lo que comemos!. Cuentan que Teresa, como todas las monjas participaba de su turno en la cocina y se la escuchaba exclamar "entre pucheros y ollas también anda Dios”, y esta frase fue la que me inspiró el nombre de mi blog. Así que si no te gusta cocinar o hacer platos ligths, este será tu reto. Pero si aprovechás para orar mientras cocinas, tal vez adquieras un gusto que no conocías.
Dicen que la comida siempre fue un momento importante en todos los conventos de la época, se solía leer la Biblia u otro texto para alimentar el cuerpo y el espíritu al mismo tiempo. Para todo carmelita invitar a comer es un gesto de amistad. Por eso lo recomendable es que no comamos solos, busquemos compartir nuestras comidas con nuestros seres queridos y hagamos de cada comida un momento especial para disfrutar.
Es esencial disfrutar lo que comemos, dar gracias a Dios por lo que llega a nuestra mesa. Ser agradecidos nos permite disfrutar lo que tenemos. Valoremos lo que Dios nos da y bendigamos aquello que nos llega.
Y así como es importante aprender a escoger aquellos alimentos que nos hacen bien y desechar aquellos que enferman nuestro cuerpo, también recordemos alimentar el alma y el espíritu con hábitos saludables, como la lectura diaria de la Palabra, teniendo momentos fuertes de oración, como alimento principal, vivir el Evangelio y acudir frecuentemente a los sacramentos, en las meriendas.
Aquí tres pasos para volver a lo esencial y alimentar el alma:
1. Busca a Dios en tu corazón. Crea un momento para tí. Busca la soledad y toma conciencia de lo que guardas en tu interior. Revisa si hay resentimientos por soltar, juicios por dejar a un lado, situaciones por aceptar en lugar de resistirse a ellas. Observa si le estás dando demasiado poder a preocuparte por el futuro. Mira lo positivo que hay en tí.
2. Busca a Dios en el otro. Trae tu atención al presente y a disfrutar de cada momento y de lo bueno que tienen los demás. No pienses en lo que no tienes, disfruta de lo que si tienes; mira lo que te gusta de los otros y restale importancia a lo que no te gusta de los demás. Así valorarás y apreciarás lo positivo de cada persona. Escribe al final del día lo que más te gusta de las personas con las que compartiste.
3. Cultiva tu interior con lecturas que te inspiren, audios que te alimenten, personas que alegran tu corazón y realiza prácticas que te armonizan como la meditación y la oración. Asiste a cursos que aportan a tu crecimiento y expansión de tu ser.
Recuerda que así como alimentar bien tu cuerpo te dará larga vida y buena, también al alimentar tu alma y tu espíritu permites que las gracias de Dios lleguen a ella y la plenifique.
Fuente:
Para leer más sobre el mensaje de Juan Pablo II a los Carmelitas Descalzos en 2003:
https://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/speeches/2003/april/documents/hf_jp-ii_spe_20030429_carmelitani-scalzi.html
Entre pucheros y ollas también anda Dios:
https://www.hosteleriasalamanca.es/reportajes/varios/gastronomia-carmelitana-santa-teresa-jesus.php
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